Parroquia San Pedro y San Boal - Villagarcía de Campos

Villagarcía descubre su retablo recién restaurado durante la visita pastoral del Arzobispo al Arciprestazgo de Campos

14 de septiembre de 2026


“Qué buena manera de concluir esta visita pastoral a este arciprestazgo”, reconocía el Arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, el pasado 13 de septiembre a su paso por Villagarcía de Campos. La localidad aprovechaba la Eucaristía dominical con la que el prelado cerraba su itinerario por las 87 parroquias del Arciprestazgo de Campos para inaugurar oficialmente la restauración del retablo mayor de la Iglesia de San Pedro, que atienden pastoralmente los Jesuitas.

La finalización de estos trabajos, enmarcados en el Programa Provincial de Restauración de Retablos de la Diputación, que se han prolongado durante seis meses y cuya inversión asciende hasta el entorno de los 129.000 euros, reunió en la localidad a autoridades civiles y eclesiásticas. También a numerosos fieles, como Esperanza, que a sus cerca de 100 años de edad pensó que ya no vería restaurado este retablo de ocho metros y medio de alto y seis de ancho. Pues bien, sí pudo verlo, con sus policromías y dorados brillando nuevamente tras la eliminación de repintes, la limpieza y fijación de distintas superficies de un conjunto que aunque “no tenía daños estructurales”, según confirmaron los restauradores, sí algunas grietas y desajustes de sus piezas entre otras patologías fruto del paso del tiempo, un “leve ataque de insectos” y las sucesivas intervenciones sobre él desde que fuera realizado a comienzos del siglo XVII por el escultor riosecano Mateo Enríquez.

El paso del tiempo “siempre va dejando huellas”, reflexionaba el Arzobispo en su homilía, reconociendo que “las cosas precisan ser restauradas para volver a su brillo, a su belleza original”. Y esto que ocurre con los retablos ocurre también con el edificio “de piedras vivas”, que es la Iglesia. Por ello durante esta visita pastoral a este Arciprestazgo donde la despoblación se hace patente especialmente en los meses de invierno, recordaba monseñor Argüello, “he expresado la importancia del cuidado de las personas” y en el “cómo” hacer “posible” el “cuidado de nuestras pequeñas comunidades”. “Para ello”, ahondó el prelado, “es preciso cuidar cada sitio porque en ese sitio están nuestras raíces”, además de la pila del Bautismo y el altar al suponer ambos “una referencia en nuestra historia”. “Pero también”, puntualizó, “es preciso sumar esfuerzos”. Y puso como ejemplo esta celebración de descubrimiento del retablo restaurado, que congregó en este templo de Villagarcía de Campos a otros fieles procedentes de Villavellid y Castromembibre para celebrar juntos la Eucaristía. Y los invitó a que “repitáis la experiencia algunas veces al año”.

Junto con el cuidado de las personas y de las comunidades parroquiales, el Arzobispo de Valladolid también reseñó la conveniencia de leer la Palabra “personalmente”. Especialmente, en este tiempo de Asamblea Diocesana, para que “cultivemos esta condición de discípulos de Jesús, como discípulos de su Evangelio” y “poder ser también misioneros que anuncian esta misma Palabra”.

Contemplando el retablo recién restaurado, dedicado a la advocación principal del templo, San Pedro, reflexionó acerca de cómo “nosotros, como Pedro, negamos a Jesús, pero también podemos experimentar la misericordia”. Y en el coloquio que se produjo en esta celebración entre parroquia y pueblo, entre Diócesis y provincia, quiso monseñor Argüello subrayar la aportación de la Iglesia. ¿Y qué aporta? “Lo que recibe de Jesús”, afirmó el Arzobispo y que resumió en “dos actitudes”: la experiencia del perdón, sin el que “no podemos vivir” y sin el que la convivencia “se hace imposible”, subrayó; y la esperanza, una esperanza “radical”, que es la esperanza cristiana ante la muerte, y las esperanzas “concretas” ante los fracasos. “Perdón y esperanza son el corazón de la vida cristiana”, concluyó.